20 años de la Asociación de Hispanismo Filosófico

El pasado sábado día 4 de octubre tuvo lugar en el Salón de Grados del Edificio A de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid el acto conmemorativo del vigésimo aniversario de la fundación de la AHF.

Al acto fueron invitadas las autoridades académicas de las Universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Madrid y Universidad de Salamanca. Asistieron los Rectores de las universidades madrileñas y excusó su ausencia el Rector de la universidad salmantina por hallarse fuera de España. También asistieron los decanos de las Facultades de Filosofía de las tres universidades. Es sabido que las universidades madrileñas han apoyado económicamente la publicación de la revista desde sus comienzos y que a ellas se ha incorporado desde el presente año la Universidad de Salamanca. Queríamos en este acto mostrarles nuestro agradecimiento.

En la sesión, que fue presidida por el Rector de la Universidad Complutense, tomaron la palabra las autoridades académicas así como el Presidente de la AHF quien hizo un breve repaso de las herencias que permitieron el nacimiento de la AHF así como algunas reflexiones que han guiado las actividades de los años trascurridos.

Intervinieron, igualmente, los profesores José Luís Abellán y Elías Díaz en nombre de los socios promotores y fundadores. Al no poder asistir el profesor Diego Núñez cuya intervención estaba también prevista, damos a conocer, a través de este medio, el texto escrito que nos ha dejado.

La señora secretaria leyó la memoria que resume el quehacer de veinte años de vida de la AHF. Queda aquí como testimonio de las actividades llevadas a cabo durante estos primeros veinte años para la pequeña historia de este grupo humano.

Los profesores Amable Fernández y José Luís Abellán hicieron  la semblanza de Luís Jiménez y Antonio Jiménez en el entrañable recuerdo que tuvimos para la memoria de estos dos socios fallecidos. La AHF entregó una placa a sus esposas en reconocimiento por la labor desarrollada a favor de la Asociación de quienes han sido amigos de todos nosotros.

Finalmente se presentó el número 13 de la revista y se ofreció a los asistentes un pequeño refrigerio.

MEMORIA LEÍDA CON MOTIVO DEL XX ANIVERSARIO DE LA AHF

Corría el año 1988 cuando un grupo de personas interesadas por el pensamiento español e iberoamericano se plantearon la necesidad de crear un marco asociativo que favoreciera el intercambio de información entre todos aquellos que a lo ancho del mundo compartían el interés por el hispanismo filosófico. Aunque en un principio el interés se centró fundamentalmente en la Historia del Pensamiento Español, las dificultades en cuanto a la institucionalización de esta materia en los estudios de Filosofía, provocaron que el horizonte se fuera ensanchando progresivamente hasta abarcar el interés por la Filosofía Iberoamericana, de la mano de las investigaciones realizadas sobre el exilio en estas últimas décadas. Así fue como nació la idea de crear la Asociación de Hispanismo Filosófico, una Asociación cuyo objetivo principal fue fomentar el estudio y la investigación en estos campos que hemos apuntado.

Hasta ese momento, sólo existían dos  puntos de contacto entre los hispanistas, uno era  el Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana fundado por el profesor Antonio Heredia en 1978 en la Universidad de Salamanca, otro el Seminario de Historia de la Filosofía Española del Instituto Fe y Secularidad de Madrid, que coordinaba Teresa Rodríguez de Lecea y que había comenzado su andadura en 1977.

La AHF recogía la herencia de estos dos Seminarios y en general la del trabajo investigador y docente de las universidades españolas que habían incorporado la asignatura de Historia del Pensamiento Español en las reformas de los años setenta del siglo XX, como la cátedra de Historia de la Filosofía Española en el Departamento de Filosofía III: Hermenéutica y Filosofía de la Historia, de la Universidad Complutense. Sobresalía aquí, sin duda alguna, el trabajo ya muy avanzado del profesor Abellán quien por esa fecha había ya publicado su magna obra Historia crítica del Pensamiento español. Contaba asimismo con el trabajo de investigación y docencia del profesor Antonio Jiménez.  Lo mismo puede decirse del trabajo que venían desarrollando en la Universidad Autónoma los profesores Diego Núñez y Pedro Ribas desde la fundación del departamento de Filosofía en esa, por entonces, joven universidad. También incorporaba la labor desarrollada por prestigiosos hispanistas de universidades europeas y americanas que estaban contribuyendo de manera decisiva al conocimiento del Pensamiento español. En especial, el trabajo de José Luis Gómez Martínez en la Universidad americana de Georgia con la publicación desde 1986 de su Anuario bibliográfico.

La AHF se crea oficialmente en Madrid el 23 de septiembre de 1988, día en el que se celebra la Asamblea Constituyente, en el  ya desaparecido Instituto Fe y Secularidad situado en la calle Diego de León, nº 33. La primera misión de esta Asamblea fue la presentación en público de la Asociación, que se produjo en Salamanca el 28 de septiembre de 1988, en el marco del VI Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana.

La Asociación empezó con 50 personas residentes en 7 países y en 8 provincias españolas. Fueron socios promotores José Luís Abellán, José Luis Fernández Fernández, Antonio Heredia Soriano, Antonio Jiménez García, Luis Jiménez Moreno, Tomás Mallo Gutiérrez, José Luis Mora García, Diego Núñez Ruiz y Teresa Rodríguez de Lecea.

Como socios fundadores figuraron Jorge Ayala, Pedro Cerezo, Pedro J. Chamizo, Elías Díaz, Eloísa Esteban, Juan Francisco García Casanova, José Luís Gómez Martínez, Eugeniusz Gorski, Alain Guy, Manuel Maceiras, Thomas Mermall, Antoni Mora, Nelson Orringer, Michele Palotini, Antonio Pintor y Jesús Veganzones.

Fueron nombrados socios de honor: Julio Caro Baroja, Luís Díez del Corral, José Ferrater Mora, Inman Fox, Alain Guy, Pedro Laín Entralgo, Juan López Morillas, Juan Marichal, Ciriaco Morón Arroyo, Víctor Ouimette, Fernando Salmerón, María Zambrano y Leopoldo Zea.

Hasta el día de hoy ha habido 8 Juntas Directivas. La primera  estuvo compuesta por José Luis Abellán como presidente, Antonio Heredia como vicepresidente, Tomás Mallo como secretario, Teresa Rodríguez de Lecea como tesorera y Diego Núñez Ruiz, José Luis Gómez Martínez y Antonio Jiménez como vocales. Además de José Luís Abellán, que en la actualidad es presidente de honor, han sido presidentes, Diego Núñez, que también ostenta el cargo de  presidente de honor, Antonio Jiménez, Pedro Ribas y José Luis Mora, presidente de la AHF en estos momentos. Desde sus inicios la AHF lleva celebradas 19  asambleas ordinarias.

La primera Junta Directiva de la AHF tuvo que hacer grandes esfuerzos para poner en marcha la Asociación y se propuso trabajar en los siguientes proyectos:

  • Un Congreso abierto con secciones fijas.
  • Vinculación de la Asociación a la Federación Internacional de Hispanistas.
  • Preparación de un proyecto de investigación para presentar a la Comisión Nacional del V Centenario del Descubrimiento de América.
  • Conectar mediante telefax -¡cómo suena hoy esta propuesta en tiempos de internet!- los centros universitarios donde residen habitualmente los miembros de la Junta Directiva.
  • Edición de un Boletín de la Asociación.
  • Edición de una Revista de la Asociación.

Al año siguiente de la fundación de la AHF  aparece  el primer Boletín, con  la intención de favorecer la comunicación entre quienes comparten el interés por el hispanismo. Llegaron a editarse siete números, algunos de los cuales pueden consultarse en la página web de la AHF y en breve esperamos que estén todos a disposición de los socios y personas interesadas.

En 1992 la Asociación da un salto cualitativo. A esas alturas ya se han publicado 4 Boletines, y en ese año se celebran las primeras Jornadas, organizadas por José Luis Abellán, que llevan como título” El reto europeo: identidades culturales en el cambio de siglo”. Estas Jornadas inicialmente tuvieron por objeto facilitar el intercambio de información entre los socios, quienes exponían sus investigaciones obteniéndose así un cuadro de situación sobre los temas que más interesaban y sobre aquellos en los cuales debía incidirse. Respetando estos objetivos la AHF ha ido abriendo progresivamente las Jornadas a otros estudiosos del pensamiento Español e Iberoamericano no pertenecientes a la Asociación. Esto ha permitido formalizar relaciones institucionales con la Societat Catalana de Filosofia y con otras del ámbito Iberoamericano.

En sus veinte años de existencia la AHF ha celebrado ya ocho ediciones de las Jornadas, de las cuales cinco se han celebrado en la Universidad Complutense de Madrid, dos en la Sociedad Menéndez Pelayo de Santander y las últimas en la Universidad de Barcelona, del 13 al 15 de abril de 2007. La Asociación que tiene firmado un convenio de recíproca colaboración con la Sociedad Menéndez Pelayo celebrará las novenas Jornadas en Santander en la primavera de 2009.

Hasta la fecha se han publicado las Actas de las siete primeras Jornadas que, sin duda alguna, constituyen un testimonio muy valioso de la historia de la Asociación. Las primeras las editó la editorial Trotta en 1994, las segundas El Basilisco en 1996, las terceras y cuartas la Sociedad Menéndez Pelayo en 1998 y 2000,  las quintas y sextas la Fundación Ignacio Larramendi en 2005 y las séptimas, también la Fundación Ignacio Larramendi, en 2007.

En el año 1995 el número de socios de la AHF ya se aproximaba a los 150, el Boletín alcanzaba su número 7, creciendo en número de páginas y en densidad de los estudios en él incluidos, por lo que  la necesidad de publicar una revista que cumpliera más adecuadamente con las normas del rigor científico era cada vez más urgente. En la Asamblea ordinaria de ese año se aprueba que esta revista se llame Revista de Hispanismo filosófico.

En 1996 aparece su primer número, gracias a F.C.E., al apoyo de las Universidades Complutense, Oviedo y Autónoma de Madrid y a quienes la empujaron en sus inicios, como Javier Ordóñez y Huberto Marraud  de la UAM,  a Manuel Maceiras de la UCM y Gustavo Bueno Sánchez de la Universidad de Oviedo.

 El primer director de la RHF fue Diego Núñez, su secretario Pedro Ribas  y Fernando Hermida el secretario técnico. El director actual es José Luis Mora García, pues de acuerdo con los Estatutos este cargo corresponde al Presidente de la Asociación, elegido por la Asamblea General Extraordinaria de Asociados. Fernando Hermida ha sido secretario técnico hasta el número 7 y secretario desde el número ocho hasta el número 13. En la actualidad el secretario es Antolín Sánchez Cuervo.

Desde su aparición han salido hasta el presente trece números. Desde el número 2 al número 5, junto a las universidades madrileñas apoyaron la revista la Fundación Gustavo Bueno (número 2) y el Proyecto de Filosofía en Español (números 3 al 5). Hoy se publica con la ayuda de las Universidades Autónoma y Complutense de Madrid, de la Universidad de Salamanca, de los miembros de la Asociación y del sello editorial de Fondo de Cultura Económica.

El cuerpo editorial de la revista, que al igual que la asociación, tiene un carácter internacional, cuenta con: 1) un Consejo Asesor formado por profesores universitarios de Alemania, Cuba, España, Estados Unidos, Italia, México, Polonia y Portugal, en el que los miembros de procedencia no española representan un 85% del total; 2) un Comité Científico formado por profesores universitarios de Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia, Hungría, Italia, Japón y Portugal en el que los miembros de procedencia no española representan un 60% del total.

Desde el punto de vista cuantitativo, los textos aparecidos a lo largo de estos años en las cuatro secciones de la revista (artículos, notas, reseñas e información sobre investigación y actividades), todos ellos publicados en lengua española o portuguesa, han sido 44 artículos,  41 notas, 455 reseñas de libros, 58 resúmenes de Tesis Doctorales y 84 informaciones relacionadas con el hispanismo (congresos, seminarios, Jornadas, cursos, etc.). A estos datos hay que añadir los 4 artículos, 6 notas  y 45 reseñas    del último número que hoy presentamos.

Desde el punto de vista cualitativo, la RHF cumple los criterios de calidad y excelencia que se le exigen a una publicación de carácter científico, como lo acredita su inclusión, por ejemplo, en el Catálogo Latindex, en The Philosopher´s  Index o en Difusión y Calidad Editorial de las Revistas Españolas de Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas (DICE), gestionada por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) y por el Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El número 12 de la revista pasó a ocupar el cuarto puesto de entre 64 revistas del área de Filosofía incluidas en DICE.

La revista se estrenó con un artículo de Mauricio Beuchot sobre “La filosofía mexicana en el siglo XVII” y con un repaso de lo que había sido el hispanismo filosófico francés hasta ese momento, escrito por Alain Guy. Desde entonces, la presencia de los pensadores latinoamericanos en la revista ha sido constante, gracias al impulso que le dio Pedro Ribas durante su época como director, que ha continuado en la actual etapa.  Incluso el nº 4  está, casi en exclusiva, dedicado a Latinoamérica.

Otra característica de la revista de la AHF es que siempre ha estado abierta a otras disciplinas próximas a la filosofía como las ciencias, la filología o la historia. Tampoco ha olvidado incorporar, en la medida de lo posible, todas las ramas de la filosofía, ni ha dejado de estar atenta a las conmemoraciones. Y uno de sus logros más significativos, sin duda alguna, es el hecho de su difusión, pues sus doce primeros números ya pueden leerse en la página web www.cervantesvirtual.com.

Desde que la AHF  cumplió sus diez primeros años, que se celebraron en Oviedo, la Asociación no ha dejado de crecer en número de socios, en actividades y en proyectos a realizar.

En 2001 el Instituto Fe y Secularidad cierra sus puertas, dejando así de ser la sede oficial de la Asociación. El Instituto de Filosofía del CSIC pasa entonces  a ser la sede de la AHF y desde entonces colabora con la Asociación estrechamente. Así, por ejemplo, en 2001 la AHF organizó con el Instituto de Filosofía del CSIC un curso de postgrado titulado “La modernidad del pensamiento español”. En 2002, el curso de formación del profesorado, “La idea de Europa en la tradición filosófica española”. En 2004, el curso “Panorama del pensamiento latinoamericano: los maestros”. En 2006, en colaboración con el CEP “Centro” de Madrid un curso que se tituló “Filosofía y ciencia en la España del siglo XX”. Y en el pasado 2007 también con estas dos instituciones el curso, dirigido especialmente a profesores de enseñanza secundaria, “Pensamiento moral y político en la España del siglo XX”.

La AHF ha colaborado también con otras instituciones afines como la Fundación Ortega y Gasset, con la que en 2005, conjuntamente con el Instituto de Filosofía del CSIC, organizó el curso  “Cincuenta años de Ortega y Gasset (1955-2005)” con motivo del 50 aniversario de la muerte del filósofo español.

En la actualidad la Asociación cuenta con un total de 204 miembros: 6 socios fundadores, 4 socios institucionales, 4 socios de honor, 174 socios de número y 16 colaboradores.

No podemos terminar esta pequeña historia de la AHF sin hacer mención a los socios que ya han fallecido, de los que la Asociación guarda un entrañable recuerdo: Alain Guy, Antonio Truyol, Manuel Padilla, Manuel Lizcano, Fernando Pérez, Luis Jiménez, Sebastià Trias Mercant y Antonio Jiménez García.

En la conmemoración del vigésimo aniversario deseamos expresar el agradecimiento a todos quienes hacen posible la AHF, los socios que confían en este proyecto y que lo alimentan con su trabajo y sus iniciativas; las instituciones que apoyan la revista y demás actividades, tanto las universidades como la editorial FCE; a quienes colaboran desinteresadamente, como el hermano de Sergio Escot que diseñó inicialmente la página web, Ricardo Pérez que la ha mejorado y la mantiene con prontitud;  Francisco Chaguaceda que ha escaneado los boletines, y Ángel Casado que actualiza con gran rapidez los índices de las revistas, etc. El recuento de lo hecho hasta ahora pretende ser un estímulo para continuar esta labor e ilusionar a jóvenes de la  España ya plenamente democrática a seguir este camino ampliándolo con nuevos proyectos.

A 4 de octubre de 2008.

Marta Nogueroles

Secretaria

ADVERSIDADES INSTITUCIONALES DEL HISPANISMO FILOSOFICO

Diego Núñez

Es un hecho que la Asociación de Hispanismo Filosófico se halla ya consolidada y tiene una relevante presencia en nuestro panorama cultural. Los historiadores del pensamiento español cuentan afortunadamente en estos momentos con una comunidad científica organizada y operativa, con plataformas de expresión y comunicación propias. Sin embargo, no quisiera recrearme ahora en los logros conseguidos, sino mas bien deseo destacar algunas dificultades institucionales de nuestro entorno que aún nos asedian. Nos encontramos, en primer lugar, con los criterios que han regido la política científica de nuestro país en las últimas décadas. Debido sin duda a los peculiares avatares de nuestra historia política, desde el siglo XIX ha sido por desgracia muy habitual en el ámbito progresista una actitud que podríamos llamar “ahistórica”: el empeño modernizador y europeizador no ha caminado unido a una debida valoración del pasado. (De la utilización que del pasado han hecho los denominados tradicionalistas me he ocupado en otras ocasiones y creo que es conocida mi posición crítica de la misma). Muchos pensadores liberales con afán de protagonismo han tratado de erigirse como la voz que clama en el desierto, como si quieran convencernos de que en cada gesto, en cada obra suya, estaban inaugurando la historia cultural de España tras un vacío insoportable. No deja de ser ésta una postura que, además de injusta con los esfuerzos renovadores pretéritos, socava la propia historicidad de nuestro desarrollo intelectual. Fruto ocasional de esa misma actitud lo constituye el esnobismo frívolo y pedante, que se mueve entre el menosprecio de lo propio y el papanatismo ante lo foráneo. A menudo se olvida que los países con los que se quiere mimetizar de manera mecánica han dado lecciones magníficas de cómo conciliar el pasado con el presente, la tradición fecunda con el progreso.

Y al lado de ese prurito esnobista, la política científica ha estado igualmente contaminada por enfoques excesivamente tecnocráticos. Tal vez este aspecto requiera una breve consideración histórica. Es cierto que también desde el siglo XIX la cultura nacional se ha instalado con frecuencia en una clara espiral de ideologización, entendiendo aquí el término ideología en su acepción peyorativa de falsa conciencia. Las más de las veces, los temas culturales y las teorías científicas no interesan por sí mismas, sino como mero pretexto para  ventilar las diferencias políticas y para ejercer ajustes de cuentas personales. Como aquel Don Trabuco de La Regentade Clarín, que de todo hacía “cuestión personal”. La misma endeblez gnoseológica del escenario cultural español permitía que esta situación se diera con total impunidad. Acontece que las ideas no se estatuyen como vehículos de conocimiento, sino que circulan alegremente como simples instrumentos de lucha ideológica. Numerosos fueron los esfuerzos que tuvieron que realizar aquellos grupos de investigadores que buscaban cauces para un debate sereno y concreto de las cuestiones científicas. En el campo naturalista, comenzaron así a surgir las primeras comunidades de especialistas. Y aunque más tarde, el nacimiento de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y el de la Asociación de Hispanismo Filosófico, en el marco de la Historia de la Ciencia y del Pensamiento Español, creo que estuvo animado por este mismo espíritu. Era preciso superar la continua instrumentalización ideológica de nuestro pasado científico e intelectual, como ocurrió en la segunda polémica de la ciencia española, y ponerse a estudiarlo de manera rigurosa y objetiva, con los instrumentos que la ciencia histórica nos ofrecía.

Pues bien, frente a esa evidente ideologización tan recurrente en nuestra cultura, la política científica se ha deslizado a menudo por otro sendero igualmente funesto: el del enfoque tecnocrático de la actividad científica. Con multitud de normas y decretos, se ha impuesto una visión fragmentaria y miope de la evaluación de los trabajos de investigación, en la que las Humanidades, y muy especialmente la Historia del Pensamiento Español, han salido siempre malparadas. Como es habitual en los enfoques tecnocráticos, no se pondera nunca la especificidad característica de cada saber ni los contextos propios en los que se desarrolla. Se legisla al respecto desde posiciones abstractas y mecánicas, presentadas como el no da más de la modernidad internacional. ¡Qué lejos están estas posturas esnobistas de aquel acertado y saludable “humanismo integral” que defendía Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza! Pero es más, este prisma tecnocrático no escapa a un cierto provincianismo autista, aunque tenga tal vez las mejores intenciones renovadoras, pues precisamente los países a los que copian, como he indicado antes, son los primeros en valorar el significado de las Humanidades en el desarrollo científico global.

Finalmente, y para no alargarme demasiado, quisiera señalar otro fenómeno que tiende a obstaculizar de parejo modo la institucionalización docente de la Historia del Pensamiento Español. Me refiero a la rigidez burocrática que aún sigue imperando en nuestro modelo de Universidad. Es cierto que se ha progresado mucho y que los cambios han sido notables. Se han introducido determinados aspectos de otros modelos universitarios, pero se echa en falta una transformación coherente y global de toda la institución. Esta fragmentariedad propicia a veces que una misma normativa pueda ser interpretada de manera abierta y progresiva, o bien de modo escolástico y anacrónico, según el ánimo o voluntad del receptor. No se ha conseguido todavía armonizar adecuadamente la investigación y la docencia de manera estructural, como acontece en el modelo humboldtiano de universidad. Ya sé que no es fácil viniendo de un modelo “napoleónico”, donde ambas andan separadas de modo institucional. En Francia está el CNRS y en España el CSIC. A veces, como ha ocurrido no ha mucho en la Universidad Autónoma de Madrid, por citar un ejemplo significativo, sucede que hay mayor voluntad política de subsanar estas dificultades en las autoridades académicas que en la comunidad filosófica propiamente dicha. Pero, en general, la situación que vive la Historia del Pensamiento Español me recuerda la que sufrieron en el siglo XIX corrientes tales como el positivismo o el darwinismo, que cada vez tenían más presencia y vitalidad en el panorama intelectual de la época, y en instituciones públicas como el Ateneo de Madrid o el Fomento de las Artes y, sin embargo, su introducción en la institución universitaria era harto precaria y menesterosa. Cuando en 1975 un grupo de amigos y colegas publicamos en la Editorial Ariel un homenaje a la figura de Rafael Pérez de la Dehesa, prematuramente muerto, reclamábamos una universidad en sintonía con las inquietudes intelectuales de su entorno y que casos como el suyo no se volvieran a repetir. Confiemos, pues, en que estas adversidades burocráticas se vayan disipando, no sólo en beneficio de la Historia del Pensamiento Español, sino de nuestro desarrollo científico general.