PALABRAS DE SALUTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA AHF

Sr. Rector de la Universidad Autónoma de Madrid: D. José María Sanz

Sra. Vicerrectora de La Universidad Complutense de Madrid: Dª Mercedes Molina

Sr. Secretario de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca: D. Roberto Albares

D. Rodrigo Campos, representante de Casa de América

 

Saludos a las autoridades que nos acompañan:

 

Sr. Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid: D. Rafael Orden

Sr. Director del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid: D. Jorge Pérez de Tudela

Sra. Directora del Departamento de Antropología Social y Pensamiento Filosófico Español de la Universidad Autónoma de Madrid: Dª Pilar Monreal.

Sr. Presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, socio institucional de la AHF: D. Ramón Emilio Mandado.

Queridos compañeros de Junta Directiva y socios de la AHF:

 

Queridos amigos, en definitiva es el título común que nos reúne esta tarde en esta noble Sala Cervantes de Casa de América. Difícilmente podríamos haber imaginado un marco mejor que respondiera a los ideales fundacionales de la Asociación de Hispanismo Filosófico y a su tarea durante estos años. Gracias a la iniciativa del profesor Francisco Castilla, a los rectores de esta casa y a los buenos oficios de Ana Pellicer disfrutamos de este marco que dignifica nuestro trabajo y podemos celebrar 25 años de vida de la Asociación de Hispanismo Filosófico en este noble lugar, por el que pasan tantas personas vinculadas con todo aquello que une recíprocamente a América y a España junto a los amigos portugueses. Difícilmente, pues, podíamos haber imaginado lugar mejor para dar respuesta a las inquietudes que tuvieron quienes promovieron esta comunidad de compromiso con el conocimiento, la filosofía, la ciencia y las artes desde su vertiente histórica, que no lo es menos de compromiso político que  con lo más noble de nuestras gentes más nobles y de todo lo que han ido haciendo para dignificar nuestras vidas a lo largo de tantos siglos.

Hemos tenido la osadía de invitarles, comprometiendo su tiempo y sus energías, porque teníamos la obligación moral de darles las gracias delante de todos los amigos que nos acompañan, y estamos obligados a hacerlo  por el generoso apoyo recibido, por la confianza que depositan en esta Asociación de Hispanismo Filosófico y porque sin ustedes, sin el apoyo de tres de las universidades que han tenido una presencia más firme en la investigación y docencia en este campo de conocimiento, la Historia de la Filosofía o Pensamiento español e iberoamericano, no hubiera sido posible esta empresa; tampoco sin FCE, editorial con la que hemos tenido la fortuna de compartir parte de su fecunda historia en estos sus primeros cincuenta años en España. Sirva esta mención para reconocer a sus actuales dirigentes, D. Marcelo Díaz y a quienes forman  su equipo, así como a las personas que tomaron la iniciativa en los inicios de la revista: Margarita de la Villa, José Luis Abellán y el recordado Ricardo Navarro, personas todas ellas fundamentales en este proyecto. Nuestro reconocimiento a la Fundación Ignacio de Larramendi que desarrolla desde hace años una impresionante labor de difusión de todo nuestro patrimonio filosófico y sin cuya decisiva contribución hubiéramos sido incapaces de difundir  los trabajos llevados a cabo en las Jornadas Internacionales que celebramos bianualmente. Son ya cinco los gruesos volúmenes publicados, incluyendo el correspondiente a las jornadas celebradas en Lisboa en 2009. Y ya está previsto el sexto para el año próximo que recogerá los textos presentados en las XI Jornadas que se celebraron en la Universidad de Granada en marzo del presente año. Muchas gracias, también, al apoyo que recibimos del CSIC, pues en esta institución encontramos estabilidad institucional y también  la relación con sus investigadores nos ha ayudado a mejorar y encontrar nuevas vías de reflexión y estudio.

Y gracias a las Fundaciones que guardan el patrimonio de nuestros grandes pensadores del XIX y XX, Real Sociedad Menéndez Pelayo, Fundación José Ortega/Gregorio Marañón, Fundación Xavier Zubiri y Fundación María Zambrano, sita en la ciudad de Vélez Málaga,  porque aceptaron nuestra propuesta de formar parte como socios institucionales de la Asociación de Hispanismo Filosófico, facilitando una colaboración fluida, basada en la confianza recíproca que ha dado ya sus frutos e irá, con seguridad, aumentando una colaboración necesaria en la consecución de fines compartidos.

Son 25 años los que cumple esta Asociación, nacida en el ya desaparecido Instituto Fe y Secularidad en septiembre de 1988, como ha sido recordado en la Memoria por la señora secretaria. Varias herencias recibía en aquellos momentos y otras convergencias se han ido produciendo a lo largo de estos años hasta llegar al día de hoy. Todavía hoy produce un cosquilleo leer la primera lista de socios que cerraba María Zambrano, residente en la calle Antonio Maura, número 14, y a la que antecedían otros nombres de  amigos que ya nos han dejado: Díez del Corral, Inman Fox, Alain Guy Antonio Jiménez, Luis Jiménez, Juan López Morillas, Juan Marichal, Thomas Mermall, Víctor Ouimette, Manuel Padilla, Fernando Salmerón, Sabastiá Trías y la propia María Zambrano. Algunos otros, que no formaron parte de aquellos iniciadores, también han fallecido ya. El último, nuestro amigo Janusz, hispanista polaco, traductor de Ortega quien recibió un premio del Instituto Cervantes por su traducción de Meditaciones del Quijote. Para todos un recuerdo entrañable y cariñoso. Ellos, desde  algún lugar, compartirán este acto, desde luego en nuestro recuerdo.

Afortunadamente, junto a los promotores y fundadores la AHF se ha ido nutriendo de gente joven y confiamos en que continúe así, de tal manera que, a quien corresponda, pueda celebrar otros tantos años de esta asociación tras otros veinticinco años. En definitiva, este es también el motivo de una celebración: adelantar los años venideros tomando ánimos y sabiendo que hacemos un trabajo grupal, vinculados a las instituciones que nos apoyan y a las que apoyamos.

No fue casual el año de nacimiento de la AHF. Por esas fechas, se celebraron las Jornadas de Pensamiento Latinoamericano. Universidad e identidad latinoamericana en la ciudad argentina de Mendoza; el Primer Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana en Ciudad Juárez; el primer Congreso Internacional sobre la Vida y Obra de María Zambrano en Vélez Málaga; el sexto Seminario de Historia de la Filosofía española e iberoamericana de la Universidad de Salamanca; se celebró al año siguiente el cincuentenario de Antonio Machado, el homenaje a Eduardo Nicol que falleció ese año; también el Congreso La guerra civil y el exilio español en Puerto Rico y El Caribe. En los años siguientes lo haría el Congreso sobre Santayana, el Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Historia, se inauguró la Biblioteca Ferrater Mora en Girona y fueron desarrollándose los Seminarios bianuales de la Universidad de Salamanca hasta 1992 en que se celebraron las primeras Jornadas de la Asociación, al tiempo que se iniciaban los seminarios sobre Filosofía española en la Universidad Complutense con la coordinación de Luis Jiménez. En 1993, en el primero de ellos, el tema elegido fue La filosofía en las culturas medievales de España y Memoria de J.D. García Bacca. La profesora Juana Sánchez-Gey hizo lo propio en la Fundación Rielo con el inicio de las conferencias sobre Filosofía y Poesía. Nacían, o recibían un nuevo impulso, preocupaciones por el estudio de tradiciones poco investigadas y peor conocidas. Como escribiría, años después, el profesor Pedro Calafate, director de la magna obra História do Pensamento Filosófico Portugués  (1999): “Sería esta la ocasión para recordar la facilidad con que, a veces, confundimos “lo que conocemos” con “lo que realmente existe” dando lugar a un colonialismo interno, que nos inclina a fijar la atención en un conjunto limitado de países y autores, tradicionalmente reconocidos”. Y añadía en aquel año del final de siglo XX: “Felizmente, en el ámbito de la filosofía esa actitud estuvo marcada entre nuestras élites intelectuales hasta hace algunos años atrás, mas la convergencia de esfuerzos de un elevado número de especialistas que aceptaron desde el primer momento colaborar en esta obra es síntoma de un sensible cambio en la actitud intelectual que ya no se queda en la autoflagelación ni en la ironía de quienes se excluyen de la censura de las cosas patria, como si ellos fuesen extraños”. De ese esfuerzo nacieron 7 volúmenes al igual que otros siete habían nacido del esfuerzo de José Luis Abellán, aquí en España. Estamos, pues, en otro momento ya bien distintos a aquellos años iniciales.

Se estrenó la AHF con un Boletín del que se editaron 7 números entre 1989 y 1996.  Ya se ha dicho. Son una buena fuente de información para conocer la producción de aquellos años: reseñas, información de tesis, etc. y para recordar las líneas que han marcado el devenir de la AHF durante estos años Así, un artículo del mexicano  Leopoldo Zea, “Reto a la filosofía en lengua española” en el n. 4 de 1992,  que comenzaba dando cuenta de su experiencia en el XVII Congreso Mundial de Filosofía (1983), celebrado en Monreal, y en el que contaba él mismo lo siguiente: “se me dijo que hablaría en la clausura del mismo en mi propia lengua, en español. El español –continúa Zea-, después de una larga y vieja discusión, era aceptado como lengua de trabajo, como lo serían otras formas de expresión de los hombres. Allí pude decir: “Se me ha honrado, al pedirme que hable en esta reunión de clausura del XVII Congreso Mundial de Filosofía. Y lo hago en mi peculiar lengua: el español. Una lengua peculiar de muchos millones de hombres. Una de las lenguas de la Europa al otro lado de los Pirineos y de su prolongación vital y cultural en esta América. Lengua, y por ser lengua, modo de expresión y de razonar que ha sido y es el instrumento de autocomprensión y comprensión de múltiples hombres y pueblos que se han encontrado en esta región del mundo. Un mundo singular por haberse dado cita en él hombres y pueblos de diversas regiones de la tierra.”

Por su parte, en el n. 5 (1993), publicaba Alain Touraine un artículo titulado “Europa, un modelo de sociedad”. Sostenía, ya entonces, lo siguiente: “Europa será una democracia –y este es el proceso en el que actualmente estamos- cuando sepa crear un lazo entre los factores de globalización y los de identificación, o, si queremos, entre lo universal y lo particular. En este sentido, el verdadero peligro no es el de una Europa no-democrática, lo que resulta impensable, sino entre una Europa-conflicto y una Europa-unidad, peligro que solo puede ser sorteado concediendo la importancia debida a la historia a través de lo que constituye la memoria colectiva común.”

Difícil expresar mejor aquí esta tarde los dos objetivos de la Asociación de Hispanismo Filosófico: primero, cómo el español ha sido y es, como el portugués ha sido y es junto a las lenguas peninsulares, todas ellas formas de expresión filosófica reconocibles internacionalmente. Y, segundo, que ello precisa de la articulación correcta entre el mejor conocimiento posible de las propias tradiciones y de la dimensión cosmopolita. Y que ambas, como señalaba Touraine, precisan de la historia como constructora de la memoria comprensiva común. Por eso se hace difícil entender, desde este doble objetivo nacional e internacional, la supresión de la historia de la filosofía en el bachillerato. Otra cuestión  es determinar cuál debería ser su diseño, pero nunca su supresión. Podríamos traer aquí argumentos bien esgrimidos por Gaos, Ferrater Mora, María Zambrano, por supuesto Ortega,  todos ellos pocos sospechosos de ser localistas o nacionalistas, para defenderlos. No deseo extenderme demasiado ahora y queden para otra ocasión. Solo recordaré uno menos conocido, poco sospechoso también de ser provinciano pues cuando fue depurado, el secretario de su Instituto, en una pequeña ciudad de provincias, le acusó de hacerse acompañar de personas extranjeras en su visita a la ciudad. Pero, sobre todo, porque fue el traductor de Ernst von Aster, Schulten, Findlay, Mannheim, Cole, Carson y autor de una muy buena biografía sobre Vasco de Quiroga, director que fuera del Instituto Luis Vives en México. Me refiero a Rubén Landa Vaz, amigo de Unamuno, viajero por Europa becado por la Junta para Ampliación de Estudios y luego exiliado en México. Fue Landa en una conferencia sobre “La escuela y la paz” en el II Congreso de Pedagogía que tuvo lugar en 1927, en la que expuso ideas muy interesantes sobre el papel que las materias de Historia y Geografía deben desempeñar en la formación pacifista de los jóvenes. Asimismo, sobre la necesidad de fomentar el patriotismo muy en la línea del integracionismo, defendido por Ferrater Mora, pues solo se puede ser propio siendo internacional y viceversa. Así lo dijo Landa  a sus oyentes: “no hay modo de llegar a conocer y sentir los problemas internacionales si no somos capaces de sentir los del país en que vivimos” (…) “Debemos esforzarnos por demostrar de qué modo la vida de todos los países, en el pasado como en el presente, es un acto de la cooperación humana que solo en la paz es (Heraldo Segoviano, 22/7/1928).

 

Fue la maduración de estas ideas la que llevó en 1996 a pasar del Boletín a la Revista y así se titulaba el editorial del número7, el último de los publicados: “Sabemos –decía el editorialista- que “la sabiduría principal que “nos legaron nuestros antepasados” para poder entender el mundo en toda su complejidad es la lengua. Cada lengua es el resultado de una historia que no se puede ni olvidar ni inventar; tampoco improvisar, por mucha voluntad que se ponga en el empeño. El español, como lengua al servicio de la filosofía, alcanzó precisamente su madurez al tener que enfrentarse con los problemas de escala universal que supuso la irrupción de América, precisamente en los momentos en los que puede comenzar a hablarse propiamente de Humanidad, una vez circunnavegada la Tierra, conocidos sus límites y sus pueblos, imposibles nuevas tierras incógnitas.”

Y, ciertamente, quienes nos han precedido trataron de dar la mayor solidez al proyecto que se llama Asociación de Hispanismo Filosófico y la revista que le sirve de soporte. Para ello se iniciaron las gestiones con FCE que no debieron ser fáciles pues, firmaba Pedro Ribas, primer secretario de la revista, con Diego Núñez de director y Fernando Hermida de secretario técnico, que “por fin, recibimos noticias de que los obstáculos están a punto de ser vencidos y de que la magnífica disposición de los responsables en Madrid de la editorial –todo hay que decirlo- ha doblegado una serie de resistencias que había.” Y con las universidades de cuyas conversaciones da cuenta el propio Pedro Ribas: “En 1994 se celebraron varias reuniones, presididas por la Junta Directiva y con la asistencia de varios socios, con vistas a iniciar contactos con distintos rectorados o decanatos de diversas universidades. De estos contactos surgieron pronto compromisos firmados con las universidades Autónoma de Madrid, Complutense y Oviedo. Salamanca no ha podido –se decía entonces- concretar su compromiso, pero los socios de esa universidad siguen intentándolo.”

Después, la vida y las circunstancia hicieron que Oviedo adoptara otra orientación (apoyó el n. 1, luego fue la Fundación Gustavo Bueno o el proyecto Filosofía en español hasta el n. 6)  y, en cambio, la Universidad de Salamanca, gracias a la porfía, efectivamente, de sus socios salmantinos con Antonio Heredia a la cabeza, se incorporó al convenio en el número 12  (2008). Es el convenio actualmente vigente de la AHF con  las universidades que nos ayudan a financiar la revista,  con FCE como editorial que  la imprime y la distribuye. Aprobamos, también, un nuevo reglamento en la asamblea de 2012 con objeto de garantizar los estándares de calidad exigidos por la comunidad académica internacional.

La revista se abrió con dos artículos: el firmado por  Mauricio Beuchot, “La filosofía mexicana en el siglo XVII”, uno de los periodos que mejor conoce; y el que firmó Alain Guy: “Los filósofos franceses hispanistas”. Han pasado, desde entonces, dieciocho años durante los cuales han dirigido la revista: Diego Núñez, el primer número, luego Antonio Jiménez  (2-7) Pedro Ribas (8-9), con Fernando Hermida de secretario y quien les habla desde el n. 10 con Antolín Sánchez Cuervo como secretario desde el n. 13.

Tienen ahora delante el número 18 que contiene cinco artículos  y once notas. Los artículos, de acuerdo, con los criterios que nos hemos marcado, tratan de cubrir diversas épocas históricas o autores siguiendo criterios de calidad entre los enviados voluntariamente por socios o no socios a quienes agradecemos muchos su confianza junto con algunos que encargamos a reconocidos especialistas cuando si hay alguna fecha o efeméride que no nos deba pasar inadvertida: así sucedió, en el número anterior, con el centenario de la Constitución de 1812 para cuya ocasión encargamos un artículo a Jorge Novella  o, en este número, con el centenario de la publicación de El sentimiento trágico de la vida al que hemos dedicado la nota elaborada por Stephen Roberts y la publicación de textos unamunianos poco o nada conocidos que ha preparado Urrutia. Lógicamente, debíamos dar cuenta del centenario del fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo y de ello se ha ocupado Gerardo Bolado. Lo mismo debemos decir del cumplimiento, también, de los 25 primeros años de la Fundación María Zambrano que ha tenido todos estos años a Juan Fernando Ortega Muñoz como su director y alma mater. Él se encarga de hacer un recorrido por su historia, vinculada a los últimos de la filósofa malagueña y a la consolidación posterior de esta institución que tiene su sede en el Palacio de Beniel.

Los artículos cubren desde un estudio del protohispano Moderato de Gades de quien se ha ocupado José María Zamora;  y la figura de Benito Feijoo a cargo de José Manuel Rodríguez, hasta cuestiones más cercanas: la posición que tuvo Marx frente a la figura de Bolívar que ha estudiado Pedro Ribas junto a dos temas  también de carácter americano: la figura de Gaos sobre quien ha escrito Aurelia Valero, profesora en la UNAM y sobre las relaciones epistolares entre el argentino Francisco Romero y José Ferrater Mora a cargo de la argentina Clara Alicia Jalif.

Otras cuestiones menos agradables pero que pertenecen al deber moral de cumplir con la memoria histórica han hecho que esta revista incluya varios In memoriam: Janusz, ya citado, Francisco Fernández Buey, Guillermo Hoyos, Llaume Llosa y Eugenio Trías.

Quizá lo que supone mayor esfuerzo sea tratar de ofrecer una información completa a los socios y lectores de la producción científica de carácter filosófico y ámbitos afines pues son muchos los lectores y bastantes los socios que son hispanistas no propiamente filósofos. Hemos de decir que los filósofos son mayoría entre los socios de la AHF pero hay historiadores de otras disciplinas como la música, la literatura,  la ciencia o el Derecho. Nos aprovechamos de esta enorme riqueza y a ella queremos ser fieles.

En este número se incluyen más de sesenta reseñas y noticia amplia de una docena de libros recibidos, lo que da cuenta de la pujanza de este campo de conocimiento. Tanto en este apartado como en el dedicado a dar cuenta de las tesis y actividades académicas realizadas, la colaboración de los socios y amigos de la Asociación es absolutamente imprescindible y hace de esta revista, ya con 18 años de vida, una herramienta imprescindible para conocer una parte importante de la producción científica en el ámbito del pensamiento en lengua española del último cuarto de siglo. Desde hace ya cinco números acordamos añadir el subtítulo “Historia del pensamiento iberoamericano” como una clara declaración de nuestro propósito  de difundir, cuanto seamos capaces, el trabajo de nuestros amigos de América incluyendo el pensamiento en lengua portuguesa. Es verdad que Pedro Calafate y el Centro de Filosofía de la Universidad de Lisboa se valen por sí mismos en la ingente labor que han realizado estos años pero seguramente la colaboración nos haga progresar más a nosotros que a ellos pero, con seguridad a ambos. Así venimos haciéndolo desde hace varios números: los lectores que cuentan con la revista en su segunda vida en la página www.cervantesvirtual.es y en la página de la propia AHF y con el índice completo de todos los ejemplares en esta misma página podrán ver firmas como la de Ambrosio Velasco, Carmen Rovira,  Aureliano Ortega, Pablo Guadarrama, Horacio Cerutti y un etc. largo. También de españoles que han escrito sobre cuestiones americanas en la línea de nuestro maestro José Luis Abellán que fuera impulsor  de esta orientación como  personalidad de referencia en este grupo.

Antes de que finalice el mes tendrá lugar la primera reunión de un Consejo de Redacción renovado para preparar el número 19 que verá la luz en septiembre de 2014, una fecha emblemática que nos obligará a esmerarnos más si cabe y ser fieles a la responsabilidad adquirida.

Queremos seguir así, siendo fieles a las tradiciones filosóficas españolas, contribuir a consolidar esa articulación de tradición y cosmopolitismo a que me refería con anterioridad, base imprescindible para que la filosofía ocupe el lugar de máxima e imprescindible utilidad que tiene en la legitimación o en la explicación, al menos, de la construcción de un Estado y de una sociedad democráticos, en una Europa,  que no estará completa sin todas sus naciones, como Ortega apuntó en 1949 y en la reciprocidad  de una convivencia con los amigos de América. Necesitamos que nuestros estudiantes salgan de nuestros institutos y de nuestras universidades con esta formación y sabemos que la filosofía, junto a los demás saberes, es imprescindible para lograrlo. Lo hemos descubierto estudiando la historia de los países.

La AHF pone sus cortas pero nobles fuerzas a disposición de las comunidades filosóficas, de las universidades y centros de enseñanza donde trabajan nuestros socios o nuestros amigos y de todos quienes deseen estar próximos en esta tarea y, también,  claro está, de nuestras sociedades a cuyas personas nos debemos. Es una vocación de unidad desde el respeto a la autonomía de las instituciones a las que pertenecemos.

Felicidades a todos los socios por estos veinticinco años. El deseo de que si somos necesarios seguiremos aquí dentro de 25 años aunque sea con nombres distintos a los que tenemos ahora. Gracias a quienes nos han ayudado a llegar aquí. Con nuestras solas fuerzas no lo hubiéramos conseguido. Y pedirles que lo sigan haciendo. Les prometemos nuestro esfuerzo.

Muchas gracias

JOSÉ LUIS MORA

PRESIDENTE DE LA AHF

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