Historia de la revista

Palabras del Presidente de la AHF en la presentación del  n. 11 de la
REVISTA DE HISPANISMO FILOSÓFICO

Acto celebrado en el Ateneo de Madrid el 23 de enero de 2007 y en el que intervinieron D. José Luis Abellán, Presidente del Ateneo y cofundador de la Asociación de Hispanismo Filosófico y de los Rectores de las Universidades Complutense de Madrid y Autónoma de Madrid, D. Carlos Berzosa y D. Ángel Gabilondo.

Por una asociación de historiadores del pensamiento iberoamericano

A punto de publicarse el número 15 el Consejo de Redacción de la Revista de Hispanismo Filosófico planteó a los socios la ampliación del título de la misma con el subtítulo con que llega a sus lectores desde entonces: Historia del Pensamiento Iberoamericano. Se cumplen, pues, ya cinco años de aquella decisión que daba carta de naturaleza a un proyecto que venía gestándose años atrás. Los números publicados desde esa fecha, sus artículos y notas, así como las reseñas y el conjunto de informaciones que ofrece la revista han querido ser fieles al propósito explícito de aquella decisión. Creemos haberla cumplido en la medida de nuestros medios y con el apoyo de los socios y de quienes nos remiten sus textos y pasan la evaluación rigurosa por la que nos regimos. Desde el pasado año dos universidades no españolas, Lisboa y Guanajuato, se han sumado explícitamente a la financiación de la misma aumentando su compromiso con esta Asociación. Cinco años parece una distancia suficiente para medir el grado de compromiso y, hecho este ejercicio, ratificarlo y mejorarlo en la medida en que podamos. Este número que llega ahora al lector, en cuya presencia siempre pensamos al seleccionar los artículos, confeccionar las notas y ofrecer la información bibliográfica que ya es marca de la misma, supone un salto más al incluir de entrada el artículo de Alicia Mayer quien estudia con tanto detalle el proyecto mesiánico de Juan de Torquemada en el cambio del siglo XVI al XVII como expresión de la concepción teológica de la “misión” española evangelizadora, regida por la providencia. Una perspectiva imprescindible para entender la doble estrategia en la constitución de la Nueva España y en la resistencia al protestantismo en Europa. Y el artículo de Sílvia Maria da Silveira Loureiro quien desde Brasil desarrolla una tesis muy interesante en relación con la doctrina humanista de la Escuela Ibérica de la Paz: muestra la actualidad de la Escuela Ibérica en el reconocimiento de la titularidad colectiva de los derechos humanos, que supera la marca individualista de la tradición liberal y el modelo de las soberanías emergentes después de Wesfalia (1648). Junto a estos artículos provenientes de América se publican tres artículos del pensamiento español muy importantes: coincidiendo con el recuerdo del fallecimiento de Francisco Giner el detallado estudio de Delia Manzanero sobre la filosofía jurídica subyacente al proyecto institucionista donde se muestra la atención prestada a los aspectos concretos e históricos frente a las posiciones más estáticas (y estatistas) dominantes en diferentes momentos y lugares de la Modernidad. Este iusnaturalismo crítico se presenta como una propuesta revisable pero interesante, en tiempos de neoliberalismo. El trabajo de David Jiménez sobre la “conversión” de Maeztu durante su periodo en Inglaterra, a partir de sus contactos con el catolicismo y el socialismo británicos, supone un ejercicio documentado de aproximación a quien fuera luego teórico de “Acción Española”, una de las ideologías antiliberales que destruyeron la propuesta institucionista. Y, acercándonos a las claves de construcción de la transición del tardofranquismo, Francisco Vázquez ofrece un estudio detallado de la recepción de Bachelard y Canguilhem en los huecos que dejaba la influencia analítica de un lado y la influencia althuseriana de otro. Periodo este enormemente interesante para la comprensión de la España de nuestro tiempo en sus relaciones con el resto de Europa y con América. Deseamos seguir insistiendo en las cuestiones directamente relacionadas con las recepciones pues nos parecen claves para comprender el modelo de universalidad que debe construirse en nuestro tiempo. Las abundantes notas que se incluyen en este número responden a investigaciones de interés por suponer un descubrimiento de textos poco o nada conocidos; el reconocimiento a obras de tanta enjundia como los volúmenes publicados con motivo del fallecimiento de Francisco Giner; la traducción al español de Protestantismo español e Inquisición en el siglo XVI, la monumental obra de Ernst Hermann Johan Scäfer; y el importante trabajo de edición que realiza la Fundación Xavier Zubiri de la obra que ha recibido en legado del filósofo vasco. También sobre propuestas de estudio como la realizada por el profesor chileno Santos Herceg sobre la estrecha relación entre ensayo y filosofía en América (propuesta que es extensible a España). Hay notas referentes a filósofos a los cuales recordamos con motivo de fecha señalada (como el caso de Sacristán o Julián Marías por distintas efemérides) o de quienes deseamos quede el reconocimiento de la comunidad de historiadores del pensamiento iberoamericano a su labor en el momento en que han fallecido. No ha faltado la generosidad de tantos lectores que ofrecen su mediación para que otros conozcan la abundante producción en este campo que ha crecido exponencialmente en los últimos años como puede comprobarse. Damos cuenta de la producción de los propios socios como órgano de la Asociación, al tiempo que lo hacemos de aquellas obras que creemos son interesantes para una comunidad distribuida por tantos lugares del mundo. De igual manera, deseamos siempre hacernos eco de la actividad permanente de reuniones científicas y de lecturas de tesis doctorales pues el conjunto nos ofrece un panorama que invita a continuar con esta labor. Así pues, el número 20 de la Revista de Hispanismo Filosófico. Historia del Pensamiento Iberoamericano ofrece al lector un cuadro de investigaciones de primera mano sobre aspectos relevantes por su dimensión histórica, sin dejar de mostrar interés por la sociedad actual. La pretensión es contribuir a una caracterización –por utilizar la terminología de Gaos– cada vez más completa, en sus múltiples dimensiones, del que, según el término cada vez más utilizado, conocemos como pensamiento iberoamericano, es decir, el pensamiento peninsular, la América de lengua española y portuguesa tal como viene siendo estudiado por investigadores de estos países y por quienes conocemos como hispanistas o americanistas que trabajan en otros países. Creemos que ya queda lejos el viejo tópico según el cual los países latinos, con España y Portugal a la cabeza, habrían carecido de modernidad. Según el tópico, esta carencia se habría trasmitido a los países americanos que formaron las colonias durante 300 años y solo a partir de las independencias las nuevas repúblicas se habrían adentrado en la modernidad y, más concretamente, en la herencia del pensamiento ilustrado, por influencia principalmente de Francia y en menor medida de Inglaterra. Este tema produjo en España, como es sabido, varias polémicas desde finales del XVIII a finales del XIX, las famosas polémicas de la ciencia de las que, al menos, se da cuenta de tres y, con detalle, de la que más repercusión tuvo, la sostenida por neokantianos por un flanco, escolásticos por otro con Menéndez Pelayo y Laverde como punto de confrontación. El reflejo alcanzó a la filosofía argentina del XIX y lo mismo a la mexicana con proyección hasta las primeras décadas del XX. En Portugal fue la generación de 1870 la que proyectó un debate que tuvo su extensión, igualmente, hasta las primeras décadas del XX. La investigación de las últimas décadas ha dejado aquellos tópicos superados y hemos accedido a un escenario con muchos matices, hasta situarnos hoy en un momento que nos obliga a dar un paso más: perfilar el conocimiento sobre las formas de modernidad que adoptaron los países católicos, la disociación entre el poder teocrático y quienes “se expresaban”, es decir, quienes desde dentro de los propios territorios eran críticos. Aquellos que Menéndez Pelayo llamó heterodoxos, es decir, quienes quedaron fuera de la construcción del Estado –por utilizar una expresión próxima al pensamiento zambraniano– pero que no desaparecieron. Provenientes de formas religiosas del XV y XVI no fueron la tradición dominante pero sí ejercieron influencia y mantuvieron una línea que no violentó la tradición popular (la existencia del pueblo) y estuvo en la base de las revueltas de comienzos del XIX. Sobre qué bases y cómo se ha ido produciendo este proceso, de qué naturaleza fue la fractura entre quienes iniciaron la modernidad: humanistas de orientación erasmista, místicos del XVI, teólogos de la Escuela de Salamanca, de Évora, Coimbra y de la Real Universidad de México, recién creada, y quienes impusieron la ley de la fuerza con la vuelta a la dogmática y al método de la disputa poco o nada humano (ni humanista, por tanto), son cuestiones a estudiar. El nuevo poder de la Corte española, Estado (al menos en germen) e Imperio casi al mismo tiempo, impuso una homogeneidad religiosa como forma de organización política de tan vasto territorio. La organización protestante basada en iglesias locales y en modelos se presentó como garante de la libertad de conciencia y ha pasado a la historia como la base de la modernidad, la única modernidad a partir del XVII: razón científica y Estado. Pero hoy sabemos que eso no impidió el desarrollo del pensamiento y que este adoptó formas bien diversas y en distintos espacios. Sabemos, pues, que las cosas no han sido ni tan fáciles de explicar ni tan maniqueas. Sin dudar de que la razón científica ha sido la dominante de los últimos siglos, ni ha sido exclusiva de la tradición anglosajona aunque sí lo haya sido en mayor medida su institucionalización, ni ha sido unívocamente emancipadora. Todo este pensamiento viene siendo investigado desde hace décadas en España; lo mismo debe decirse del Seminario permanente de pensamiento mexicano de la UNAM que lidera Carmen Rovira y que cuenta con investigadores de gran prestigio; en esta senda, otras universidades mexicanas se van incorporando a esta línea de trabajo; lo mismo podemos decir del Centro de Filosofía de la Universidad de Lisboa que ha producido, en las últimas décadas, bajo la dirección de Pedro Calafate, una ingente investigación sobre el pensamiento portugués tanto de Portugal como de Brasil. Contamos también con historias de la filosofía argentina y con grupos en diferentes países americanos que trabajan en esta línea.  Se trata, pues, de continuar la investigación sobre los autores, los textos, sobre su contextualización en este vasto mundo pero, además, se trata de ir ubicando los resultados de la investigación realizada. Esto vale para la enseñanza, donde se esconden tópicos residuales, pero también para otros ámbitos que tienen que ver con la política, la cultura y la ética social. Asistimos hoy a una eclosión de los países americanos, laboratorio de muchas ideas, sociedades creativas y, aun con sus propias contradicciones y fuertes divisiones sociales, probablemente avanzadilla del futuro frente al agotamiento de Europa. ¿De dónde se toman las ideas, los estímulos que nos obligan a pensar de otra manera y con otros parámetros? ¿No habrán quedado en la historia anhelos, propuestas de justicia y libertad planteados en su momento aunque irrealizados en su tiempo y que ahora buscan concretarse? ¿Qué papel nos corresponde a los filósofos en este tiempo y especialmente a los historiadores? ¿Cómo se pueden recuperar esas potencialidades emancipadoras y denunciar las sutiles formas de control que desarrolla el capitalismo actual? Algo de esto escribieron los jesuitas del XVI-XVII, olvidado, no ingenuamente olvidado. Y otra cosa ha de ponerse de manifiesto: además de seguir profundizando en las historias nacionales, es urgente poner al día la red de relaciones que, a lo largo del XIX y lo mismo en el XX, mantuvieron los intelectuales de todos los países de lengua española y portuguesa. Las dictaduras que han gobernado la península – sobre todo la franquista– y las del cono sur americano, han dificultado mucho las cosas al pervertir el correcto conocimiento de las tradiciones o al apropiarse de sus interpretaciones. Es preciso desmontar maniqueísmos y teorías duales y ofrecer a nuestros conciudadanos la versión de nuestras historias, historias interrelacionadas, pues disponemos de muchos textos de gran riqueza que ayudan a desmontar tópicos, alientan un debate políticamente eficaz a favor de formas de convivencia que superen la actual situación que dificulta la colaboración o, si se quiere, hacen muy difícil las formas comunitarias donde está lo mejor de nuestras tradiciones. Tan realista es hablar de concordia, como parece darse por entendido, como es hacerlo de la discordia, y de la paz como de la guerra. En definitiva, revisar filosóficamente bases de la forma de organización (más bien desorganización) económica del mundo actual que encuentran en teóricos de nuestros países propuestas dignas de ser estudiadas e incorporadas. Lo singular de nuestro momento sería encontrar el lugar de lo que hemos llamado mundo iberoamericano en el marco de la nueva globalización. Evitar, con ello, los excesos del nacionalismo pero, al tiempo, la disolución de un globalismo vacío. Lo podemos decir con las palabras de Pedro Calafate: A publicação do Corpus Hispanorum De Pace, em Madrid, pelo CSIC, evidenciou a existência de relações muito activas, nos séculos XVI e XVII, entre as universidades peninsulares de Salamanca, Coimbra e Évora, não menos intensas do que as existentes entre Salamanca, Valladolid e Alcalá, bem como a participação dos mestres das universidades portuguesas na sistematização do conceito de dignidade humana, e na afirmação moderno conceito de comunidade internacional. Em causa estavam os princípios teológicos, filosóficos e jurídicos que deveriam orientar a convivência e relação entre os povos, sobretudo os europeus, os americanos e os africanos, sem esquecer a rica experiência portuguesa no Oriente. Neste sentido, os mestres de Coimbra e Évora fundamentaram de forma muito clara as teses sobre a soberania inicial do povo, considerando o poder político como constitutivo da natureza humana, no quadro do jusnaturalismo escolástico, sendo a democracia a forma de governo mais natural, no sentido em que não precisava ser positivamente instituída. Assim se fundamentava a necessidade de respeitar a legitimidade das soberanias indígenas, ainda que embrionárias, mostrando que o poder político entre os princípes pagãos e gentios, em si mesmo, não era de menor nem de distinta natureza do que o poder dos príncipes cristãos, e que as considerações teóricas acerca da fundamentação do poder na razão natural e na natureza social do homem são válidas para todas as culturas e todas as religiões. Então, a legitimidade do poder político inerente às comunidades humanas não dependia da fé nem das especificidades culturais ou civilizacionais, assim como não podia considerar-se, à partida, dependente de uma ordem jurídica de natureza imperial. Neste contexto, importava fundamentar tanto a tese de que o papa não possuia autoridade temporal ou espiritual sobre os povos estranhos ao mundo cristão (possuindo apenas poder espiritual entre os cristãos, bem como poder indirecto sobre os assuntos temporais, em ordem ao fim espiritual), como a de que os imperadores romano-germanos ou os reis peninsulares não podiam considerar-se senhores do mundo, devendo entender-se tal título apenas como hiperbole ou, na pior das hipóteses, como manifestação de intolerável arrogância. O con las de Ambrosio Velasco: La lucha por la Independencia de México que se inició hacia 1808, a raíz de la crisis de la monarquía española, estuvo inspirada principalmente en una tradición humanista de pensamiento iberoamericano de carácter republicano que se desarrolló durante el periodo colonial y que tuvo sus orígenes en la crítica a la conquista y dominación española sobre América de la Escuela de Salamanca, fundada por Vitoria y Soto y proseguida en América por De la Veracruz y Las Casas, entre otros, en el siglo XVI. Esta visión de las bases intelectuales de la Independencia de México va en sentido opuesto a la interpretación dominante, que señala a la Ilustración francesa y a las revoluciones norteamerica y francesa como la fuente principal de la ideología independentista. Una vez consumada la independencia de México, surge otra tradición de pensamiento político centrada en el liberalismo anglosajón y español así como en el republicanismo francés, que niega toda significación política y cultural del humanismo republicano iberoamericano. El liberalismo mexicano que se va conformando a lo largo del siglo XIX encuentra en el positivismo de la época un sólido fundamento filosófico y con ello la filosofía humanista que había predominado durante el pensamiento novohispano se eclipsa hasta casi desaparecer. El liberalismo científico, como lo denominan sus promotores, se constituye no sólo en la filosofía predominante para la segunda mitad del siglo XIX, sino también en la justificación ideológica del estado autoritario. Sólo algunas pocos voces críticas alcanzan a comprender el carácter esencialmente autoritario del liberalismo científico y para combatirlo recurren al rescate y reformulación del humanismo que se desarrolló durante la dominación colonial como pensamiento de resistencia1 . Así pues, al cumplirse los cinco años de la ampliación del subtítulo de la Revista de Hispanismo Filosófico. Historia del Pensamiento Iberoamericano, el compromiso que guió aquella propuesta se mantiene firme, se ofrece a los miembros de la Asociación que la edita e, igualmente, a todos quienes deseen usar este instrumento de difusión como lugar de encuentro para continuar esta labor, mejorar nuestra comunicación, nuestros métodos de trabajo y estar atentos a aquellos periodos de la historia menos conocidos, 1 Ambos textos están tomados del programa preparatorio del Simposio que sobre Pensamiento Iberoamericano se desarrolló en el marco del Congreso Internacional de Filosofía organizado por la Asociación Filosófica de México, celebrado en Morelia (7-11 de abril de 2014) los que José Gaos siguiendo a Ortega denominó como “deslucidos” y, es verdad, que aún tenemos algunos huecos por investigar; a quienes los hicieron, a quienes escribieron sobre ellos desde su tiempo y a quienes proyectaron cómo mejorar los individuos y las sociedades desde la libertad de conciencia y los valores que hacen del hombre un ser político y moral al mismo tiempo. Así pues, conviene no olvidar, como nos dejó dicho Carlos Fuentes, tomando prestadas las palabras de Carmen Iglesias, que la historia no es solo un conjunto de hechos, sino un horizonte de posibilidades. Podríamos añadir que, sobre todo y por encima de todo, es justamente esto.

Comienzo expresando mi agradecimiento al Ateneo y a su Presidente quien a esta condición une la de impulsor y cofundador de la AHF con los socios que figuran en el acta de la sesión que tuvo lugar en el Instituto Fe y Secularizad en septiembre de 1988. En este caso por acoger esta presentación y facilitarnos la sala noble del Ateneo de Madrid sobre cuya inauguración escribió Galdós un largo artículo al periódico La Prensa  de Buenos Aires en marzo de 1884 en los siguientes términos: “Cuantas personas aficionadas al estudio hayan residido en Madrid, más o menos tiempo, -decía Galdós- conocen sin duda como su propia casa este afamado instituto, a quien unos llamaron Refugio de las Letras, otros la Holanda española del siglo XIX. Mas a los que sólo de oídas le conozcan debe de dárseles una idea de lo que ha sido y es aún el Ateneo, bastando una sola indicación para que sea comprendida toda su importancia. Lo que distingue a esta asociación científica y literaria de todas las de su clase es su independencia y la absoluta libertad que han disfrutado siempre la idea y la palabra dentro de sus muros, libertad que la cultura de todos y el mutuo respeto han hecho más valiosa y fuerte (…). Es la obra más preciada de la iniciativa individual en nuestro siglo.” Me parece que este viejo/nuevo espíritu es el que da plena razón de ser a la presentación de esta revista dedicada al pensamiento español y también al hispanoamericano (recordemos que Galdós escribía para los argentinos) hoy aquí.

Gracias a los Rectores cuyas universidades han ayudado, y ayudan, de manera eficaz a que hoy podamos presentar la revista ya “crecidita” como una buena estudiante de once años de edad. Y gracias al rector de la Universidad de Salamanca que suma su patrocinio para que esta niña, ya casi adolescente, siga creciendo en números sucesivos y pueda tener una vida dichosa hasta alcanzar la madurez  con quienes, como autores y lectores, compartimos su desarrollo. Hablamos de tres de las universidades más importantes de España que han desarrollado desde hace ya décadas, en sus titulaciones de Filosofía, una docencia continuada de Historia del Pensamiento Español, cuando era mucho más difícil de lo que hoy en día lo es, y que han propiciado equipos de investigación que han desarrollado proyectos sin los cuales la situación actual hubiera sido casi imposible. La Universidad de Salamanca, donde nació el Seminario de Historia de la Filosofía Española (e Iberoamericana) en 1978 del impulso de Antonio Heredia no podía quedar fuera. Por supuesto que hoy en día casi todas las universidades públicas así como las privadas (algunas de las cuales merecen el mismo reconocimiento en este campo: la Ponti de Salamanca, Deusto, etc.) tienen en sus estudios de Filosofía asignaturas de este campo de conocimiento muchos de cuyos profesores son socios de la AHF. La colaboración con todas ellas se hace en igualdad pero hay algunas razones para el reconocimiento de las universidades aquí representadas por la superación de las  dificultades con las que en su día comenzaron estos estudios.

De la gratitud nace la satisfacción. Este estado de ánimo me imagino que el acto de hoy, una pequeña fiesta  definitiva, tendrá el propio José Luis Abellán, Diego Núñez, Pedro Ribas, Elías Díaz, Antonio Heredia, Luis Jiménez, Antonio Jiménez, Juana Sánchez-Gey, Teresa Rodríguez de Lecea, Fernando Hermida, Roberto Albares, Ángel Casado, Juan Francisco García Casanova, José Luis Gómez-Martínez en Georgia, incluso Alain Guy nos estará mirando tras sus gafas de miope travieso, o, estoy seguro, este sería el ánimo de su esposa la señora Guy que llegaba a Salamanca al volante de su Alfa Romeo de 16 válvulas; también otros hispanistas de distintos países compartirían con nosotros la misma satisfacción: Janus y Eugenius en Polonia, Dezso en Hungría, Cerutti en México, Calafate en Lisboa… en fin, una muy larga lista de nombres que han ido creyendo en un proyecto desde tiempos difíciles, cuando la orientación dominante de las comunidades filosóficas de estos nuestros países no iba por ahí; también estarán satisfechos quienes han continuado esta labor en años más recientes, lista que ahora sí sería más larga, de ellos bastantes presentes en la sala; profesores de bachillerato que han hecho  sus tesis sobre temas y autores de una tradición no suficientemente reconocida durante demasiado tiempo, jóvenes investigadores que han continuado en los años más próximos y que luego han seguido trabajando en la medida de sus posibilidades y, finalmente  para quienes se siguen incorporando a este campo de la filosofía. Para quienes, como solíamos decir hace treinta años “éramos cuatro cinco gatos”.

Gracias, ahora, a quienes han hecho posible la revista poniendo al servicio  sus conocimientos como directores al servicio de la misma, a quienes la empujaron en sus inicios, Javier Ordóñez y Huberto Marraud en la UAM, a Manuel Maceiras en la UAM y a Gustavo Bueno Sánchez en la Universidad de Oviedo quien estuvo en los primeros números de esta aventura; a Diego Núñez,  Pedro Ribas y Antonio Jiménez que han sido sus directores hasta estos últimos números  y a Fernando Hermida, un secretario que es muchísimo más que un secretario como bien sabemos todos. A quienes nos han enviado sus artículos, fruto de investigaciones o reflexiones (ya más de cuarenta publicados); a quienes han tenido la generosidad de leer libros para darlos a conocer a los lectores interesados entre los que, lógicamente se encuentran los estudiosos de estos temas (más de cuatrocientas reseñas) y a quienes tienen la paciencia suficiente y el sentido de la mesura para ofrecer crónicas de Congresos, Jornadas, Encuentros, etc. para que perduren en el recuerdo y otros puedan aprovecharse de lo allí dicho o sugerido y a quienes, finalmente, han querido dejarnos los resúmenes de sus tesis doctorales. Por supuesto a FCE, editorial de prestigio que creyó desde el principio en este proyecto, a Ricardo Navarro y Margarita de la Villa y, también, a sus actuales gestores que han puesto renovadas energías en los últimos números y sin cuyo esfuerzo y prestigio la revista no hubiera, dicho sencillamente, sido posible. A la página cervantesvirtual que acoge en su seno, en formato electrónico, la revista cuando ésta ha cumplido su periplo terrenal y se trasforma en un ser espiritual capaz de traspasar fronteras, ríos y valles para llegar más lejos, es decir, a todas partes. Es la forma de cumplir la vocación definitiva de una revista que se dedica a una tradición filosófica que María Zambrano siempre pensó que era en verdad universal.

Son ya, pues 11 números. Del juicio que les merezca este último dejo la palabra a los señores rectores. Diré solamente una palabra de los anteriores. La revista nació en 1996 y se abrió, no es casual, con un artículo de Mauricio Beuchot sobre “La filosofía mexicana en el siglo XVII” y con un buen repaso de lo que había sido el hispanismo filosófico francés hasta ese momento, escrito por el propio Guy. Era toda una declaración de intenciones que trataba de evitar cualquier tentación de enfoque doméstico, en el enfoque y estudio de nuestras tradiciones filosóficas. Como decía el lema de la academia cuando en 1881 convocó el concurso para recordar la figura de Calderón en susegundo centenario: “Era nuestro porque era bueno”, creo que no vale la lectura al revés. Siempre hemos creído, de nuevo con María Zambrano, difícil sustraerse a su evocación, tan cerca la conmemoración del centenario de su nacimiento, que siendo el pensamiento universal a él se llega desde una tradición. Y me parece que en este caso sí puede cambiarse el orden de la frase pues el sentido no varía. Ortega lo habría dicho de otra forma, como buen catedrático de Metafísica, pero tampoco creo que hubiera diferido mucho en el fondo.

Desde entonces esta voluntad de presencia de los pensadores latinoamericanos ha sido constante. Pedro Ribas, como buen kantiano heredero de un imperativo categórico inquieto, propio de la Ibiza juguetona, siempre nos ha empujado en este sentido. Ya se sabe que los isleños son quienes saben mirar más lejos. Y él lo es y ejerce. Incluso  el n. 4 que está, casi en exclusiva, dedicado a Latinoamérica. Era 1999 y se contribuía así a mantener ya roturado un camino en el que hay, debe haberla reciprocidad, pero no vuelta atrás. Por aquel entonces había fallecido Alain Guy cuya figura glosó Antonio Heredia para que su recuerdo de atención a mayores y jóvenes perdurara.

La revista ha mantenido un espíritu abierto hacia otras disciplinas que son próximas a la filosofía, a aquellas que la permiten avanzar: las ciencias, la filología, la historia y pueden encontrarse buenos ejemplos en sus páginas.

No hemos seguido la servidumbre de las conmemoraciones aunque no las hemos ignorado y siempre hemos estado atentos a autores y temas que era preciso estudiar: tanto los filósofos del exilio: Gaos, Imaz, Nicol, García Bacca, Ferrater Mora, Zambrano que han tenido su espacio; otros autores como Gracián o la lectura orteguiana de Kant en el centenario del filósofo de Köenisberg que hizo Jaime Salas en un bello artículo, tienen también su estudio en la revista y, por supuesto, hemos ofrecido a los lectores textos difíciles de encontrar, inéditos o apenas conocidos como sucede con los que ofrecemos en el n. 11 de Ortega y Unamuno y antes habíamos hecho con Nicol o Ramón y Cajal.

Tratamos de atender a todas las ramas de la filosofía. Si la Lógica ha estado un poco más desatendida estamos poniendo el oportuno remedio. No hemos descuidado aspectos que tienen que ver con la institucionalización de la enseñanza de la filosofía y con la historia de la filosofía española en concreto, tanto en la universidad como en el bachillerato. Sin esta dimensión, sin una presencia institucional suficiente, es prácticamente imposible sostener proyectos de investigación, invitar a jóvenes investigadores a que continúen un camino que no siempre es fácil, pues no basta con estudiar las grandes figuras del pensamiento para conocer cómo una tradición ha estado configurada, es preciso estudiar otras figuras de menor dimensión pero importantes en el devenir del pensamiento. Esto requiere acuerdos, una comunidad filosófica que tenga las cosas claras para poder juzgar con ecuanimidad proyectos que desde otro punto de vista podrían parecer menores.

Termino. Con este acto la AHF, asociación que nació con la voluntad de servir de nexo entre quienes aquí o allá creen que hay una historia de la filosofía española (siempre hemos considerado también a la portuguesa) y latinoamericana cuyo mejor conocimiento es imprescindible para la construcción  la historia de la filosofía,  adquiere un compromiso de responsabilidad con el futuro de la revista y con las universidades cuyos logos figuran en su pasta. También con FCE. Y todos juntos lo adquirimos con los lectores, con las personas que tienen sensibilidad por estas cuestiones y con quienes desean que la filosofía tenga una presencia activa en nuestras sociedades. Citaré por última vez a María Zambrano: compartimos con ella la idea de que la filosofía hizo a España. Pensaba en la España de su padre, de Machado, de sus profesores del instituto de Segovia o de los catedráticos de la Universidad Central. Sencillamente queremos continuar esa labor.

GRACIAS

José Luis Mora García

Presidente de la AHF

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